En memoria de Roger Garaudy (1913-2020)

    

    Consultando por diversas razones el libro de Roger Garaudy: Una nueva civilización: El Proyecto Esperanza, veo que nos lo dedicó a mi mujer Tere (que e.p.d) y a mí el 29 de enero de 1982. El motivo fue que, durante ese día y el siguiente, visitó Sevilla, invitado por las Comunidades Cristianas Populares de Sevilla, para dialogar sobre ese Proyecto Esperanza, expresado en el libro, que hacía poco, en 1977,  Cuadernos para el Diálogo lo había publicado en español. Garaudy estaba por entonces en Córdoba invitado por su primer alcalde comunista Julio Anguita, en tratos para la cesión de la Torre Calahorra de Córdoba, como sede de un futuro Museo de las Tres Culturas, lo que se efectuaría en el año 1985, al pasar dicho Monumento a propiedad del Ayuntamiento, cedido por el Patrimonio Histórico Español.

    Garaudy era un escritor francés famoso, conocido internacionalmente por su expulsión del Partido Comunista Francés (PCF) en 1970, por sus críticas a la invasión de Checoslovaquia y aplastar la llamada Primavera de Praga, en 1968, por el ejercito del Pacto de Varsovia, dirigido por la URSS.  Después de 37 años de militancia y dirección del PCF,  fue formalmente expulsado el 6 de febrero de 1970, por "traicionar al marxismo". Muchos de nosotros conocíamos esos detalles y su vuelta al cristianismo y este fue uno de los motivos de nuestra invitación. Su charla en la entonces Escuela de Magisterio, en la Avda de la Ciudad Jardín, fue una síntesis emocionada de su trayectoria militante en el comunismo marxista y en el cristianismo, tal como la había expuesto en su libro Palabra de hombre, en el que en la pagina 226 decía: "En La Alternativa (Madrid, Cuadernos para el Diálogo, 1976) dudaba todavía, hace tres años, responder a la cuestión ¿Soy cristiano? Reconocía entonces que mi esperanza de militante no tendría fundamento sin esa fe, pues ella es únicamente la que nos hace totalmente responsables de nuestra historia. Cerrarse ante ella significaría rechazar la libertad". Y, al final del libro (p.234), concluía: "Vivir según la ley fundamental del ser: el amor. La Cruz me ha enseñado a renunciar. La Resurrección, a salir de mí mismo. Soy cristiano". 

     Yo tuve la suerte de enseñarle Sevilla. Recogiéndolo del Hotel Pasarela, de la Avda de la Borbolla, le di una vuelta por el monumento de la plaza de España, del que mostró poco interés, pues me apremiaba a que visitásemos los monumentos de la Sevilla musulmana.. A todo esto, nos entendíamos, yo chapurreando francés y él español, sin que él hiciera esfuerzos por hablarlo...Pasamos junto a la Torre del Oro y nos dirigimos a la Catedral, donde no quiso entrar. Nos dirigimos entonces al

 

Patio de los Naranjos, que por entonces se podía entrar directamente por la Puerta del Perdón. Dimos una vuelta corta, porque tenía prisa por subir a la Giralda y, tras admirarla durante un rato por fuera, subimos al campanario de la misma. Le expliqué un poco la historia (en aquel tiempo no tenia demasiados conocimientos de ella) del minarete de la primitiva Mezquita almohade de Sevilla, admirando ambos las magnificas vistas de Sevilla que se admiran desde lo alto de la Giralda.

Bajamos por sus rampas  y nos fuimos a comer al Restaurante Rio Grande, donde nos esperaban ya los otros compañeros. Fue una comida agradable, en la que todos pudimos hacerle diversas preguntas, cuyas respuestas entendimos, pues nos acompañaba el intérprete que habíamos tenido en la charla de la Escuela de Magisterio. En días posteriores, comenté con algunos amigos lo que le gustaba "el jambón", el jamón.
 
    El siguiente día, fuimos a visitar el Alcázar. Quedó admirado de la Sala de Embajadores, del patio de las Muñecas y de todo lo que tenía sabor árabe o musulmán. 


También le gustó el Palacio gótico de Alfonso X , pero mucho menos la sala de tapices de Carlos I. Todo esto no dejaba de extrañarme un poco, aunque lo consideraba un tanto normal. Sin embargo, de camino al Archivo de Indias salió a relucir  Carlos I, sobre el que le comenté que se había casado en Sevilla, con Isabel de Portugal, sobre el me dijo: "El emperador Carlos era un cretino", a lo que respondí, tras unos instantes, "creo que no menos de Francisco I", quedando ahí la cosa. Al poco rato entramos en el Archivo, que nos lo iba a explicar D.José de la Peña Cámara, su director y amigo querido nuestro, pues pertenecía a las Comunidades Cristianas Populares. D.José se deshizo en atenciones que escuchó muy atentamente. Solo le interrumpió cuando D. José le dijo que Colón seguramente era judío, diciéndole que era una cuestión que no le interesaba, que él seguía creyendo que fue genovés. Terminada la visita, le acompañé de nuevo a su Hotel y al día siguiente se marchó a Córdoba. 


    Su visita fue muy interesante para todos nosotros, aprendiendo mucho de su sabiduría y experiencia militante, como marxista y cristiano.. .Para mi, particularmente, fue muy grata, aunque siempre me tenía intrigado  su interés por la civilización árabe o musulmana, asentada durante tantos siglos en Andalucía, su poco interés por los judíos y casi el desprecio por nuestro Emperador Carlos I. Sobre el Emperador Carlos tengo hoy tengo más noticias de su boda en Sevilla en 1526, en el Alcázar y no en la Catedral, cuya cúpula del crucero central acababa de ser restaurada por Juan Gil de Hontañón, pero no se había terminado aún la Capilla Real y el dominico fr.Francisco de Salamanca estaba terminando las Rejas del Altar Mayor y de la Virgen de la Antigua, según relato en mi libro:



 La Casa del Cabildo catedralicio sevillano, sede de la primitiva Universidad de Sevilla, pp. 164-165). Pero todo se explicó cuando supe que, "a partir de su matrimonio con la palestina Salma Faroukhi, se convirtió al Islam en 1982 y que en 1987 se trasladó a vivir a Córdoba, donde creó la Fundación Garaudy de las Tres Culturas" , estableciéndola en la Torre Calahorra, cedida por el Ayuntamiento, cuyo Alcalde era por entonces Julio Anguita. Referente a su antipatía por Carlos I, que venció al Rey francés Francisco I y lo tuvo preso en Madrid y el desprecio de Colón y toda la "conquista de América", me lo explico al leer posteriormente el libro L'Avenir: Mode d'employ, publicado en 1998.  Garaudy fue un filósofo y un militante apasionado, que "abandonaba una causa absoluta, cambiándola por la siguiente", según dice de él Jose Mª Ridao.  

Comentarios

Revista de actualidad

IMPLANTAR EN EUROPA LA RENTA BÁSICA UNIVERSAL

SR. ARZOBISPO DE SEVILLA: PASE DEL CONSUELO ESPIRITUAL AL CUIDADO MATERIAL