¿SON CRISTIANAS LAS COFRADÍAS DE SEMANA SANTA?

     Tras dos años de ausencia y silencio por la pandemia, este año se ha podido celebrar la Semana Santa, retornando los Pasos de las Cofradías a nuestras calles con todo su esplendor. Hay quien compara este resurgir al de la Semana Santa celebrada del 17 al 24 de marzo de 1940, tras el golpe militar del dictador Franco contra el gobierno legítimo de la II República. Sin necesidad de comparaciones, en España y en Andalucía particularmente, las Cofradías y las Hermandades regresaron a las calles recuperando el tiempo perdido. Esperando ya la Semana Santa del próximo año, me parece que cabe preguntarse ¿Qué son estos desfiles, un gran espectáculo teatral callejero o una manifestación de la religiosidad popular del pueblo? No es gratuita ni ociosa, a mi ver, la pregunta y por ello trato de responderme y dialogar con mis lectores.

      Para la jerarquía de la Iglesia, la verdadera Semana Santa se celebra dentro de los templos; los Oficios de la Semana Santa son el auténtico culto a Jesús de Nazaret, a María su madre y al resto de personas que están representados en los Pasos. La jerarquía no condenó nunca la religiosidad popular que se manifiesta en las calles durante la Semana Santa, pero la diferencia con claridad de la religiosidad oficial que los sacerdotes y los fieles celebran en los templos. Son ellos los que dicen qué es ser cristiano y qué manifestaciones tienen la marca cristiana. 

     Esto se manifestó claramente, cuando hace años el Cabildo de la Hermandad de la Esperanza de Triana (Sevilla) tomó la decisión de no permitir el traslado a Madrid de su Cristo de las tres Caídas, con motivo de participar en el solemne Via Crucis que se organizaría por la venida del Papa Benedicto XVI, en agosto de 2011. El anterior Arzobispo de Sevilla, Mons. Asenjo, se mostró enojado, molesto y apenado por tal decisión. Para él: “La naturaleza jurídica de las Cofradías es ser Asociaciones públicas de fieles, sujetas a la autoridad eclesiástica” (Código de Derecho Canónico, cánones 298-329). Es decir, las Cofradías y sus desfiles procesionales serán una expresión de religiosidad popular cristiana, si están bajo la autoridad eclesiástica competente. Por ello, la Hermandad trianera que contravino los deseos del Sr. Arzobispo manifestó "una falta de eclesialidad“, porque el desacato a dicha autoridad supone perder esa vinculación con la Iglesia, dejan por ello de ser cristianas y se transforman en meras asociaciones culturales. 

      Para un grupo de cristianos críticos, las procesiones de Semana Santa se consideran como algo anacrónico, propio de los tiempos de la Cristiandad, donde lo profano y lo religioso no estaban totalmente separados. Estos sectores de cristianos sostienen que tanto las procesiones de Semana Santa, como también las peregrinaciones y romerías a los santuarios del Rocío, de Fátima, Lourdes, El Pilar etc., han dejado de ser manifestaciones cristianas de culto y piedad, para convertirse en un negocio. Por lo que dichas manifestaciones tienen más de superstición pagana, que de piedad cristiana. 

      Ésta es pues la cuestión ¿Son cristianas las Cofradías al organizar sus procesiones por nuestras calles en Semana Santa o son solo asociaciones culturales, que por Primavera ponen en escena manifestaciones teatrales con temas cristianos? 

      No cabe duda de que estas manifestaciones de religiosidad popular, puede estar contaminadas por la sumisión ante lo divino, expresada en el ritualismo mágico del rezo a Cristo o a la divinidad de una oración, la práctica de un rito o penitencia, esperando obtener con ello remedio a las necesidades humanas particulares, olvidando el esfuerzo propio o colectivo. Serían por ello una superstición o el "opio" que adormece la conciencia humana. Pueden suponer también una extraversión individualista y superficial, un escaparate folclorista o estético; incluso esconder en su seno conflictos y luchas de poder entre grupos o clases, así como pasividad ante la autoridad o el cacique, que es quien organiza la celebración. Cierto, pueden tener todos estos elementos negativos.

     Sin embargo, las Cofradías, su entorno y las manifestaciones religiosas que ellas realizan, pueden tener también muchos valores, tanto humanos como cristianos. Mediante dichas celebraciones se reproducen valores humanos auténticos, como la pertenencia a una comunidad, promoviendo su identidad comunitaria, la expresión del sentido de lo estético y festivo o de lo gratuito diferente del trabajo, del ocio frente al negocio, activando también los sentimientos de continuidad intergeneracional entre los presentes que viven los rituales, con recuerdo de los que ya murieron y proyectándose con las generaciones futuras que serán sus continuadoras. 

     Mediante estos valores, la religiosidad popular se transformaría en espiritualidad, que es la cualidad específica humana que, además de percibir la realidad en relación a nuestras necesidades de supervivencia (función relativa), nos permite experimentarla como ab-soluta=suelta de nuestras necesidades, con valor y entidad propia que nos transciende, pudiendo establecer distancia con ella y contemplarla en silencio, sabiendo que existe y vale independientemente de nosotros. Y a su vez, esta espiritualidad se transformaría en religiosidad popular, al concretar la experiencia ab-soluta de la realidad, en una transcendencia mítica o estrictamente divina. Así ocurre en las Religiones, particularmente en el Cristianismo, por lo que la religiosidad popular o “religión del pueblo” puede ser vehículo de un verdadero encuentro con Dios, el Ab-soluto, el Otro que nos transciende, a través de Jesucristo. 

      Este encuentro entre lo humano y la divino puede darse sin depender de la jerarquía, pues todos "los bautizados son consagrados por la regeneración y la unción del Espíritu Santo como casa espiritual y sacerdocio santo" (Constitución de la Iglesia, llamada Lumen Gentium=Luz de las Gentes,LG n. 10) y tanto el sacerdocio ministerial o jerárquico como el sacerdocio común de los fieles, "ambos participan a su manera del sacerdocio de Cristo" (LG 10). Por todo ello, en su momento, me permití disentir de Mons. Asenjo, hoy jubilado y dar razón a la Pontificia e Ilustre Hermandad de Ntra. Señora de la Esperanza de Triana, por su democrática y cristiana decisión, tomada la noche del 11 de junio de 2010. 

     Y hoy, rememorando este hecho, recalco lo de cristiana, que Mons. Asenjo, en un momento le quitó a la Hermandad trianera, apellidándola únicamente como "asociación cultural". Y es que Mons. Asenjo y otros muchos obispos entienden a la Iglesia solo desde el Derecho canónico, identificando a la Iglesia con la Jerarquía, depositaria única de lo sagrado y de su interpretación. Es decir, ellos, como continuadores de los Apóstoles, reciben de Cristo el Sacerdocio, el Magisterio y son los únicos Jueces en decidir qué es ser cristiano y qué es una Cofradía. Su imagen preferida es el Pastor y el rebaño. Ellos son los Pastores que guían y conducen al rebaño; nosotros, los fieles, no tenemos otro papel que obedecer y seguir a los Pastores. Pero tal postura doctrinal quedó descalificada por el Concilio Vaticano II, para quien la Iglesia "la constituye el nuevo Pueblo de Dios. Pues quienes creen en Cristo... renacidos del agua y del Espíritu Santo, pasan a constituir un linaje escogido, sacerdocio regio..." (LG 9). Por lo que todos los bautizados somos fundamentalmente iguales en la Iglesia, aunque posteriormente nos diferenciemos por los diversos carismas que cada miembro desempeña en la misma Iglesia. Así lo afirma el C. Vaticano II en la LG, tratando de la Iglesia como Pueblo de Dios, en el cap.II y posteriormente de la jerarquía en el c.III. Por lo que, todas las personas bautizadas que creen en Jesús, los fieles y la jerarquía, todos formamos la Iglesia, todos somos sacerdotes, maestros y jueces (LG, nº. 9-14), por tanto, todas/os podemos también opinar, decidir y organizarnos dentro de esta Iglesia “pueblo de Dios”, sin depender de la jerarquía clerical, aunque sí de los dirigentes que elijamos democráticamente. 

      A mi modo de ver, las Cofradías y Hermandades y toda la religiosidad popular cristiana, reúnen y abarcan tanto los elementos humanos y antropológicos, a que nos referíamos anteriormente, como los elementos cristianos. Ser Cofrades hoy, es ser cristianos laicos, miembros de una “asociación cultural cristiana laica”, que tiene la finalidad antropológica y cristiana de honrar las imágenes de Jesús, de su Madre María, y de las otras personas que destacaron por su liderazgo humano y cristiano. Y para ello, no necesita estar bajo la autoridad del obispo, pues como cristianos tienen autonomía dentro de la Iglesia, del mismo modo que existen otras asociaciones de fieles cristianos, como las Comunidades Cristianas de Base, Populares etc. 

      No obstante lo dicho, opino que la teología en que se basa frecuentemente la religiosidad popular, particularmente las Cofradías y Hermandades, es una teología atrasada, basada en el Concilio Tridentino y Concilio Vaticano I, no en el Vaticano II, una teología del sacrificio, no de la Resurrección y la Vida. En definitiva, estimo que dichas Cofradías podrán sin duda seguir con sus desfiles procesionales, pero deberán dar otro sentido al culto a Cristo Crucificado o a su Madre Dolorosa, no expresando solo el sentido estético y de la tradición familiar, no venerando únicamente las tallas de madera, el Paso en que va la imagen, sino buscar el sentido ético social. Es decir, de venerar la “verdadera imagen”, no solo la artística simbólica, sino "la imagen de Jesús y Maria, su madre, en las personas, en las/os hermanas/os que, en nuestro alrededor, están “crucificados” hoy por el paro, el abandono, la marginación y tantas formas de pobreza etc.. Hoy habrá que bajar de la Cruz a estas personas y evitar la “soledad, la cautividad, el abandono, la agonía” de tantas otras sometidas por la sociedad en que vivimos. Y para liberarlas de esas cruces, de su abandono y agonía no valdrá ya realizar actos esporádicos de penitencia o caritativos o de beneficencia, sino ir a una reivindicación de justicia y misericordia, como dice el Papa Francisco, ante las autoridades de nuestra propia Sevilla y otras ciudades españolas. 

     Opino finalmente, que en estas “asociaciones culturales cristianas” o Cofradías, legítimamente autónomas de la jerarquía eclesiástica, cabrán tanto cristianos como personas no cristianas, agnósticas e incluso ateas, que luchan también por estas causas justas. Y entendidas así hoy las Cofradías, habrá que superar y cambiar el presente Código de Derecho Canónico, promulgado por Juan Pablo II, en el año 1983, porque su letra no expresa ya el verdadero sentido de la Iglesia que quiso el Concilio Vaticano II. 
-------------------------------------------------------

 Antonio Moreno de la Fuente 
Miembro de la Iglesia Popular Andaluza, en Sevilla

Comentarios

Revista de actualidad

OTRA IGLESIA ES POSIBLE, LA IGLESIA POPULAR ESPAÑOLA Y ANDALUZA

LULA: EL NUEVO PRESIDENTE DE BRASIL Y LOS CRISTIANOS DE BASE

ASPECTOS TEOLÓGICOS DE LAS INMATRICULACIONES

JULIO ANGUITA HA PASADO A LA OTRA ORILLA